Mi mente funciona sin parar. A veces cuesta desconectarla. Es por eso que siempre estoy pensando cómo mejorar aquello que hago. Quizá sea, gracias a eso, que me gusta ayudar a los demás, adaptándome a los cambios con rapidez y entusiasmo. También por eso necesito, de vez en cuando, pararme a pensar y organizar todo ese batiburrillo de ideas que cabalgan por mi mente. Puede parecer caótico, sí, pero en mi cabeza tengo una fotografía perfecta de todo; cuando sé lo que quiero, sé cómo lo quiero. De ahí la necesidad de controlar los pasos intermedios que se suceden, sin perder de vista el destino final. Perfeccionista, obcecado… ¡vaya dos virtudes! Pegado a un ordenador o un smartphone siempre; son mis brazos y piernas adicionales desde que recuerdo. Podría vivir sin tecnología, por supuesto, pero de momento no lo he probado. Una montaña rusa de sensaciones, pero con capacidad para sentir, admirar, apreciar y emplear la belleza en lo que me rodea.

Peculiar y, a mi modo, único.

Supongo que como todos, ¿no?

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